jueves, 14 de junio de 2012

Jacaranda


Puesto que la última entrada la dediqué al proceso de pardeamiento del néctar de la flor de la jacaranda, un árbol de origen sudamericano con un gran valor ornamental, creo que puede ser interesante aprovechar para conocer un poco mejor este árbol, y así aquellos que os lo encontréis por la calle tenéis una excusa para hablar de mi blog a la persona que os acompañe.

Si os fijáis bien en la flor de la foto no tendréis muchas dificultades en reconocer la Jacaranda por la calle ahora mismo que está en floración. Son flores de unos 4 o 5 cm, de un color azul violáceo, y una forma acampanada producida por la fusión de 5 pétalos, apreciándose 5 lóbulos desiguales en el borde de la flor. Estas flores se desarrollan en racimos.

Si para cuando os lo crucéis no está en flor, no os preocupéis, también es fácilmente reconocible por su fruto, una cápsula plana y leñosa, de aspecto similar a una castañuela,  dehiscente (se abre por si solo), y en cuyo interior aguardan múltiples semillas con alas membranosas como puede observarse en la imagen de la izquierda.

Con respecto a sus hojas, cabe decir que es un árbol caducifolio, y tiende a perder las hojas poco antes de la floración para recuperarlas tras este proceso. La forma de sus hojas, compuestas bipinnadas, con unos 30 pares de foliolos por hoja, nos recuerda un poco a las hojas de las mimosas, razón por la cual recibe el nombre de Jacaranda mimosifolia.

Además de su valor ornamental, responsable de que los ayuntamientos lo usen ampliamente en zonas de clima suave para decorar parques, jardines y calles, su madera es apreciada en ebanistería y en carpintería, y la decocción de sus hojas actúa como antiséptico y antibacteriano. Por si esto fuera poco, la caída de sus flores genera un bello efecto tapiz, que en las ciudades es representa un estímulo económico para las empresas de lavado de vehículos.

 

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